Si tu hijo no habla a los dieciocho meses; si a los tres años no articula correctamente algún fonema; si a los cuatro no ubica el orden correcto de las palabras dentro de una frase; si dejó de hablar; si altera la fluidez del habla y parece tartamudear haciendo gestos y fuerza para comunicarse, ya es hora de establecer una consulta con una persona especializada en fonoaudiología.
Cualquiera de estos síntomas estarían conformando una patología del habla o del lenguaje, y cuanto antes sea detectada esta situación, mucho mejor para iniciar el abordaje terapéutico, para evitar mayores inconvenientes en el futuro.
Por lo general los padres llegan a la consulta fonoaudiológica enviados por el pediatra o por la docente, quienes advierten la aparición de un trastorno en el habla, en el lenguaje oral o lectoescrito. La fonoaudióloga entonces realiza una investigación detallada de la historia personal, familiar, escolar y social del niño.
Posteriormente, de acuerdo con los padres, realiza la evaluación de las funciones motrices, perceptivas, sensoriales, de las competencias sociales, y por supuesto, de las habilidades lingüísticas, elocutivas y comprensivas, sistema fonológico, gramatical, lexical, morfo-sintáctico y el aspecto pragmático del lenguaje.
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Imagen: fonomaniachile













