Finalizando el tema, convengamos en que es necesario evolucionar hacia una relación con el hijo adulto, no tratar de retenerlo. En algunos casos la partida del hogar se realiza en forma armónica, pero puede suceder lo contrario, donde los procesos de autonomía y emancipación sean muy conflictivos y dolorosos, sin advertir cuánto se pierde al intentar retenerlos, por sobre-protección materna, y que dejarlos partir es la mejor manera de continuar el vínculo.
Muchas madres caen en el juego de creer que lo que ellas piensan es lo mejor para los hijos, esto parece más fácil que empezar a verse una misma, ver que pasó con los sueños y proyectos de su juventud. Las capacidades, logros y fracasos de nuestros adolescentes nos enfrentan a evaluar los propios logros y fracasos, aciertos y equivocaciones, y a darnos cuenta de que a esta edad ya no tenemos todo el tiempo por delante.
Estos cambios estructurales en la familia ocurren cuando la mujer se encuentra en la mitad de la vida, y esta es otra crisis evolutiva, es un cambio natural y decisivo en el curso de un proceso, en el cual se atraviesan desorganizaciones y reorganizaciones bio-psico-sociales. Existe una gran cantidad de opciones para las mujeres que deseen interactuar con otras personas, ya sea desde gustos postergados a una carrera o un emprendimiento laboral o cultural.
Como dice la canción de Serrat: Nos empeñamos en dirigir sus vidas/ Sin saber el oficio y sin vocación/ Les vamos transmitiendo nuestras frustraciones/ Con la leche templada y en cada canción/ Nada ni nadie puede impedir que sufran/ Que las agujas avancen en el reloj/ Que decidan por ellos, que se equivoquen / Que crezcan y un día / Nos digan adiós.
Lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es enseñarles a volar.
Imagen: monografias












