
La epilepsia es una afección cerebral crónica que puede producirse por diversos motivos: psíquicos, físicos y mayormente desórdenes emocionales manifestándose como “descargas eléctricas” que se traducen como sacudones violentos. Las crisis pueden presentarse de manera convulsiva o no, y un peque es epiléptico cuando sufre dos o más crisis por día.
Cuando a las mamás el médico especialista (neurólogo) les cuenta pueden reaccionar como si fuera una tragedia griega o aceptar la realidad de que su/s hijo/s tendrán una vida normal con una medicación indicada. Las crisis pueden ser: desmayos sin poder recuperar el conocimiento, sacudones fuertes que tiran la parte del cuello, gran calor corporal, gritos, pérdida del sentido y luego una lenta recuperación .
Dicha afección se estudia mediante el EEG (electroencefalograma), tomografías (que suelen hacerse para precisar la parte del cerebro lesionada) o resonancias magnéticas. Una vez diagnosticada se le da al paciente anticonvulsivos o antiepilépticos según peso, edad y afección, por eso solo debe recetarla el especialista y bajo el acompañamiento del mismo sin dejar librado al azar o suposiciones no médicas.
Se pueden categorizar en tres items principales:
- crisis sintomáticas (devenidas por enfermedades)
- crisis idiopático (con caracteres genéticos)
- crisis criptogénico (origen desconocido).
Cuando a mi madre le disgnosticaron mi enfermedad “una prima lejana de la epilepsia” , sintió que el mundo se desmoronaba y que su hija nunca iba a ser como las demás chicas, ahí empezaron los deportes (para estar al aire libre), la gran medicación que fue reduciéndose con el tiempo y la terapia. Es un paso intenso para la familia porque todos se adaptan a esta afección y la contención familiar es uno de los pilares más importantes en la vida de quien “la lleva”.
La epilepsia puede llamarse con diferentes nombres dependiendo de la sintomatología y afección principal:
- síndrome de west
- síndrome de lennon – gastaut
- síndrome de janz
- crisis de ausencias
- síndrome de rasmussen
Si vuestro peque padece algunos de los síntomas escritos previamente o intuyes que tiene actitudes “raras” consulta con el pediatra y despeja así las dudas a fin de mejorar la calidad de vida del pequeño. Al hacerlo el entorno se complementará logrando un bienestar para todos, ¡¡ fuerzas !! que se puede.
Imagen: Tratamiento y cura













