Para los niños sus afectos más importantes son su familia y sus amigos, en la infancia el afecto de un amigo es tan fuerte y primordial que se convierte en imprescindible. Por eso debemos estar alertas cuando por alguna situación ajena a nosotros nuestro hijo deba separarse de su mejor amigo. Esta relación que se construye a través de los juegos, de la complicidad y de la convivencia cotidiana que se da en el colegio o en el barrio con ese amigo quedará grabada para toda la vida.
Justamente es en esa edad que los cambios de los adultos afectan a los peques de maneras tan drásticas que a veces no llegamos a dimensionar, el traslado laboral o una simple mudanza puede alejar a tu hijo de su mejor amigo y eso será una pérdida de gran significado, para la que, como padre debes estar preparado para enfrentar y ayudarlo a vivirla de la mejor manera posible.
Esa pérdida que sufren los peques en su infancia, aunque a los adultos nos parezca una cuestión menor e incluso pensemos que pronto se repondrán ya que cuentan con una asombrosa facilidad para relacionarse y hacer nuevos amigos; lo cierto es que el alejamiento de un amigo de la infancia será la primera experiencia de pérdida que impacte en nuestros niños.
Según los expertos este dolor y el vacío que deja esa relación en el niño es equivalente a lo que siente un adulto ante la muerte de un amigo cercano, con lo que este tipo de experiencias irán templando y formando el carácter de nuestro hijo para el futuro. De todas formas nuestra obligación es estar allí acompañándolo y brindándole la seguridad de que la ausencia es temporal y que podrá mantener el contacto de alguna forma con su amigo.












