Son profundas y a menudo irreconciliables las diferencias que plantea el polémico tema de la planificación familiar. La oportunidad de planificar con anticipación la llegada de pequeños al mundo es el resultado de la evolución social.
La planificación familiar es una consecuencia directa y tal vez una exigencia también, de la propia dinámica de las sociedades industriales. Esto se verifica tanto o más que por los derechos de la mujer o de la pareja, podemos por lo tanto considerar que está totalmente justificada por los beneficios que proyecta sobre los pequeños. Toda planificación familiar no se limita solamente a las medidas anticonceptivas. Estas son sólo el medio para lograr un fin más propicio: una maternidad y paternidad mutuamente aceptada y deseada por la pareja.
Adquiere gran importancia la palabra “responsabilidad”, que antes quedaba asignada a las leyes naturales o de las capacidades de la abstinencia. La mejor manera de planificar la procreación reside obviamente en todos los temas de la educación sexual. Los servicios sociales de planificación familiar deberían ser frecuentados y consultados por todas las parejas.
Hacerlo será, ante todo, una excelente prueba de madurez y confianza mutua en el interior de la pareja misma y además una garantía agregada para el futuro de nuestros pequeños.












