La leche de la mamá es el mejor alimento que les podemos brindar a nuestros pequeños. Es una nutrición que se adapta perfectamente a todas las necesidades de los bebes dado que le brinda suficientes defensas para sentirse protegido.
Ninguna otra leche podrá ofrecer tanta vitalidad y salud ante las infecciones que la propia leche de la madre. No necesita preparación, su temperatura es siempre la ideal para el pequeño y ayuda también a la relación afectiva entre la mamá y su bebé, se sentirán más juntos. Es muy económica, no será necesario disponer de biberones, esterilizadores, tetinas ni otras leches preparadas.
El trabajo que le supone al pequeño, o sea el succionar la leche del pecho de la madre es uno de los más indicados ejercicios que el bebé puede hacer a efectos de contribuir a un ideal desarrollo de los futuros dientes, mandíbula y también del paladar. A la mamá que brinda el pecho luego le resultará más sencillo recuperar su esbelta figura, dado que el útero retorna más rápido a su tamaño habitual. La lactancia materna libera una hormona denominada oxitocina que se asocia directamente con la prevención de las depresiones pospartos. Se ha comprobado también que la incidencia de enfermedades como el cáncer es reducida considerablemente en las madres que amamantan a sus pequeños.
Si la mamá tiene otro pequeño, será muy importante dejarlo estar presente mientras amamanta al otro bebé. De esta forma, no se sentirá dejado de lado ni excluido y contará con menos celos del nuevo hermanito.












