¡Me tengo que operar!

Una de las situaciones más traumáticas en el período de la infancia es sin dudas una operación indicada. Cualquier intervención quirúrgica provoca desequilibrios sicológicos y biológicos que requiere que el individuo vuelva a conquistar su estabilidad. La adición de dos sucesos: la internación y la operación, inciden directamente sobre el pequeño y necesita un manejo acorde y personalizado.

Nosotros como padres debemos ayudarlo a superar el trauma de la operación brindándole al niño elementos a fin de que logre manejar de la mejor forma sus propios recursos. Tendremos que facilitar y permitir el máximo contacto posible con las personas que son significativas para el niño, como ser padres, hermanos y médico. Por cada miedo que el niño expresa abiertamente seguramente habrá muchos otros que se guardan.

Prepararemos junto a nuestro hijo y toda la familia las fantasías que se han formado con relación al acto quirúrgico y encontraremos explicaciones para cada situación planteada. Evitaremos luego algún síntoma post operación. A fin de que un acto quirúrgico se considere excelente, requiere de la falta de futuros trastornos.

Una intervención exitosa precisa la colaboración y confianza generada entre los diferentes integrantes del equipo médico; de esta forma el pequeño y su familia confiarán en la resolución de su problemática quirúrgica.

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