Los parásitos afectan principalmente a nuestros peques en lugares que asisten habitualmente: piletas, clubs, instituciones educativas, parque, areneros … es decir, todo lo que tenga un gran contacto con tierra y no que no estén higienizados correctamente.
Algunos de los síntomas que afectan a nuestros peques con estas visitas desagradables son: vómitos, irritabilidad, picazón, anemia, pérdida de apetito o apetito voraz (dependerá de que clase de bacteria esté afectándole) . Estos malestares físicos se trasladan a los emocionales, al aprendizaje (el estar inquietos/as no les permite poder focalizar su atención en clase) y pueden hasta llegar a retrasarse el crecimiento general.
Basta que su piel esté en contacto con agua o superficies diversas contaminadas o que posean higiene insuficiente, el comer alimentos mal lavados o poco cocidos, juguetes sin limpiar, el que toquen dinero o papeles que están expuestos al manoseo constante. Los medios de contagio principales son sus manos y la boca.
Por eso crearles el hábito de lavarse las manos antes de comer o después de ir al baño, lavar frutas y verduras, cocinar bien las carnes (pollo, ternera, pescado u otras), hervir el agua para los más peques, no incursionar en los areneros y otros que se te ocurran para cuidarlo/la de esta enfermedad son caminos al objetivo de prevenir esta enfermedad.
Aprender a prevenir, es aprender a curar.












